La noche que Vallecito fue un campamento embravecido

XIX Cabalgata de Fe a Difunta Correa
La noche que Vallecito fue un campamento embravecido XIX Cabalgata de Fe a Difunta Correa

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07 Abr 2008 | 1551 lecturas | Entre los centenares de colectivos y autos estacionados, carpas. Alrededor de los baños, carpas. Bajo el puente y en torno a la capilla, carpas. En los intersticios de los puestos comerciales, carpas. Y detrás del escenario, hincadas en la penumbra como animales cansados, más carpas. Poco antes de la medianoche del sábado, el río constante de gente por la calle interna del santuario Difunta Correa no alteraba la paz de las márgenes. Familias enteras, parrilla humeante en la tierra, habían llevado todo para hacer campamento. Fue hasta que la voz del animador Luisito Paredes cayó desde el escenario con el anuncio de una tormenta inminente en la más limpia noche de Vallecito: era el turno de Soledad Pastorutti. Fue el quiebre absoluto en el paisaje, que casi vació la calle y movilizó todos los grupos al son de la energía envolvente de la Sole. Con este cuadro cerró la XIX edición de la Cabalgata de Fe, que anoche fue presentada como "la más importante de Sudamérica". El movimiento fue impresionante. Según fuentes policiales, había más de 40.000 personas en el oratorio. Ya desde Caucete se podía adivinar la multitud, con las colas interminables de vehículos cargando GNC y las filas de camionetas pidiendo pista, con reposeras, colchones y conservadoras asomando por las ventanillas. También los motoqueros apretaban la marcha por la ruta 141, y los ciclistas (muchos de ellos sin ojo de gato ni advertencia flúo alguna) paraban cada tanto para llegar enteros a Vallecito. Una vez en el predio, otro elemento llamaba la atención: junto a cada carpa, de a dos o tres caballos atados recobraban fuerzas después de la marcha de 35 kilómetros del sábado por la mañana. La sede de la Difunta Correa se había convertido en una postal de campo, en un suelo minado de asados a punto y fardos de pasto. Muy distinto era el panorama al pie del escenario, camino arriba de la capilla. La gente ya estaba entrada en tono con los artistas sanjuaninos que habían actuado hasta ese momento. El clima estaba totalmente preparado para que todo estallara. Y cuando arrancó el Huracán de Arequito, dicho y hecho. El gentío se transformó en una popular de fútbol enardecida, a canto pelado, con los trapos en alto y el baile, recortado contra las estrellas, de banderas argentinas y chilenas. Los gauchos cantaban con Soledad y los más jóvenes la bombardeaban con flashes digitales. Y la madrugada de ayer se abría a todo volumen, como sucede cada vez que se pone linda la fiesta. DIEGO CASTILLO - DIARIO DE CUYO

Por Alejandro Salvatierra

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