En Semana Santa fueron mayoría en el santuario de Deolinda Correa, a diferencia de los años anteriores.
25 Mar 2008 | 1816 lecturas | Tirados en las escalinatas, junto a los cuadros de capilla y con carpas hasta entre los kioscos de venta de regalos. Ayer, el santuario de la Difunta Correa, en Vallecito, estuvo invadido en su mayoría por jóvenes. Es que además de que hubo mucha más gente que el año pasado (40.000 sobre unos 25.000 del 2007), el Viernes Santo de este año, la mayoría fueron jóvenes que llegaron a agradecer por el trabajo, la salud y los estudios, según dijeron algunos de ellos. "Parece que los adultos decidieron venir el miércoles y jueves, pero ahora muchos ya están de vuelta en sus casas", dijo el administrador del santuario, Daniel Rojas. Los jóvenes aprovecharon la noche del jueves y madrugada de ayer para caminar hacia Vallecito, motivados principalmente por el buen clima. "Yo no he visto mucha gente grande. Parece que ahora somos todos pibes", contó Exequiel Massa, mientras caminaba por las calles del santuario, abarrotadas de gente. Ese amontonamiento también se notó en las escalinatas de acceso a la capilla principal, sobre la loma, donde la gente tenía que esperar hasta 50 minutos para subir los 40 metros de escalones. Pero la mayoría de jóvenes no sólo se notó a simple vista, sino también en el ingreso de donaciones que registró la administración. Es que, por lo general, los adolescentes que hacen la peregrinación son sumamente gasoleros. "No tenemos las cifras exactas todavía pero se nota en la gente que ingresa a la administración a dejar sus donaciones. Nosotros ya notamos menos certificados de donación que el Viernes Santo del año pasado", dijo el administrador. Sin embargo, contó que sí se notaron más donaciones del miércoles y jueves, en relación al 2007. Cerca del mediodía, el calor empezó a apretar fuerte pero esto no cambió los planes de los jóvenes que se preparaban para tener un buen almuerzo y volver recién por la tarde-noche. "Vamos a hacer un asadito y nos quedaremos hasta que empiece a oscurecer. A esta hora no se puede viajar porque los bondis van llenos", dijo Diego Arrieta, junto a unos amigos en los parrilleros del complejo. Muchos pibes eligieron la carpa para instalarse y a pesar del clima de fiesta que querían imponer, con los grabadores y su cumbia, desde la red de altoparlantes del santuario la música religiosa dominaba la escena. A la hora del almuerzo aumentaron los autos que llegaban, muchos llenos de familias con la intención de quedarse hasta hoy y disfrutar de unas minivacaciones, cerca de la difunta milagrosa. Fuente: Diario de Cuyo
Por Alejandro Salvatierra